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Asia desde acá.

  • vanesamanganiello
  • 18 may 2021
  • 3 min de lectura

Actualizado: 22 may 2023


El aire es tan frío que hasta duele respirar y el cerebro se entumece. Al menos el color de las calles ya no es tan gris, como ese gris del pleno otoño. Otoño lluvioso, húmedo, inconstante, dudoso, sin corazón. De a poco va saliendo el sol, de alguna manera me conforma, débilmente, sentir algo de calor fuera de las sombras. Pero la noche no es igual, la noche previa al invierno es oscura y aún más helada, es monótona y aburrida, es fría en todos sus lugares porque ni la estufa le hace frente. Y por sobre todo es solitaria, porque también el frio te recuerda que no hay como el calor humano, que no hay estufa, hogar o chimenea que compense al calor emanado de otro cuerpo.

Tomo mi té de la tarde y entiendo que rellenar el tiempo con otras compañías, solo hace al vacío más notable. Su ausencia está presente, pero no logro perpetuarla, porque todavía sigue allí.

Me pregunto, donde debería estar en este momento, o donde realmente quisiera estar. Todavía no me atrevo a pintar el ojo del Daruma, sigue ciego desde que llego a mis manos. Es tanta la responsabilidad de proponerse un objetivo, y más la frustración de quizás no lograrlo. Por eso tomo el tiempo necesario, no voy a desperdiciar un amuleto que quizás, con mucha fe en su poder, cambie mis días. Y vuelvo a preguntarme: Cuál será el motivo que me lleve a pintar ese ojo desnudo? Realmente, es acá donde quiero estar?

A veces siento miedo, no sé bien a qué, pero en mi panza algo se mueve. Y por un instante corro con la mente, hago un veloz revisionismo de mi entorno, y me imagino con cada una de las personas, para decidir a quién elegir, quién podra sacarme de esa situación, quien podría despejarme o decir algo nuevo, algo reconfortante. Pero la lista se hace cada vez más pequeña y termina. Vuelvo a la realidad. Vuelvo a casa sola. A veces siento miedo, pero más veces siento esto. La soledad de las horas nocturnas, encontrarme ansiosa por algo que no sé, esperando algo, algo que suceda, algo que cambie mis días y mis noches.

No voy a ver su cara esta noche, ni la que sigue, ni la que sigue, ni en las próximas 200 noches por lo menos.

Veo la hora y saco cuentas para poder encontrarnos sin vernos los rostros. Mal que mal, es más de lo que puedo pedir, quizás más de lo que merezca. Me refugió en el té y los cigarrillos mientras sigo esperando el despertar. Olvidé los cigarros, esta noche va a ser aún más larga que la de ayer. Es cierto que, con el correr de los días, mi sueño llega cada vez más tarde, y abro los ojos cada vez más temprano. Ya es de madrugada y la obligación del mañana me pide dormirme. Me despido de su ausencia hasta el próximo encuentro. Con el sabor amargo de no haberlo leído, con el sabor que me recuerda el lado frío de la cama. Y de repente ahí está, la historia de mi vida. Aparecer cuando ya no espero. Sigo contando lo días, creyendo que eso hará que pasen más rápido.. Viajo en el tren con los ojos cansados y la resolana del cielo blanco hace que duela al mirar hacia afuera. Sé que mi cara delata que duermo poco y como mal. Me di cuenta, pienso, que el frío y el calor dependen, no de la temperatura, sino del lugar desde donde se viene. Esa es la razón de su existencia. Su pasado. El pasado que aparece para que no olvides lo que tuviste y ya no. Aquello que tuvimos, tan sólo es parte del ayer, y no me equivoque al presagiar que esto iba a terminar en mi derrota. Pero tengo una certeza: fuimos una gran historia con un horrible final.


Ahora puedo decirle lo que siento sin hablarle.

Si tan solo supiera cuanto lo quiero… en verdad lo sabe. Si tan solo eso le importara… en verdad le importa. Si tan solo ocurriera algo que lo haga volver. Aun así no volvería.

Y como es que pareciera que fue ayer, cuando estábamos pasando una tarde nublada en las playas de Leme, yo agobiada por el viaje, el emocionado y celoso por encontrarme. Como es que el tiempo pasa así, y deja vestigios de momentos que parecen nunca haber sido reales. Aún sigo agobiada por esas imágenes, por ver el morro frente a mí, por volver a ver su cara. Que incomodo me resulta recordar.

Por que te fuiste, nuestra historia llegó a su fin. Las más linda historia de amor que alguna vez ví.


 
 
 

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