Cartagena.
- vanesamanganiello
- 13 jul 2021
- 3 min de lectura
Actualizado: 22 may 2023

Cartagena 28 Marzo 2018
Mi fondo de pantalla en el trabajo era la ciudad amurallada de Cartagena, no sé por qué tenía una fijación con ese lugar, así que contaba los días para renunciar y salir de viaje.
Después de meses, días y unas 15 horas de viaje, amanecí en el micro con la cara completamente brotada - una noche en Medellín me atacaron chinches y aparentemente me genero una reacción alérgica - así que la llegada triunfal a la ciudad de mis sueños, se vio interrumpida por la búsqueda de un Hospital. Entre la urgencia y desesperación (me picaba mucho todo el cuerpo y las ronchas mutaban minuto a minuto) tomamos un taxi y le pedimos que nos llevará a una clínica u hospital. No recuerdo cuánto tiempo pasó, ni detalles del trayecto pero sí que, esos minutos en el auto me mostraron una Cartagena que no se parecía en nada a la promesa de Google.
El taxista nos dejó en un hospital y se fue, parecía más bien una salita de primeros auxilios, en una zona muy humilde. Pasaban motos y nos miraban, la gente del lugar también, me sentía un blanco fácil en ese estado de vulnerabilidad y con todo el equipaje encima. Me asomé por la entrada del lugar, había mucha gente esperando, niños, bebés y las paredes se caian a pedazos.. tuve la sensación de que no tenía que quedarme ahí así que di media vuelta y nos fuimos.
Pasó un taxi, lo frené y subimos, nos dijo que no podía creer que su colega nos hubiera regalado ahí.
Atravesamos la ciudad costera y por la ventana me llamaron la atención unos edificios enormes y lujosos. Si bien todavía no encontraba las casitas de colores con las que había soñado, en el camino confirme que había más de una “Cartagena”. El conductor nos contaba cosas que no recuerdo, por que me urgía llegar a la clínica y mi cabeza estaba en eso, pero tengo el recuerdo visual de que todo era muy parecido a Puerto Madero (Buenos Aires).
Llegamos a la clínica San José de Torices, muy cerca del centro. Ingresé en la recepción y enseguida me atendieron (si por mi estado o por ser turista, no lo sé).
Después de casi 4 horas, de corticoides, adrenalina, oxígeno y de haber pagado una linda cantidad de dólares - aunque la atención fue excelente - salí con el siguiente diagnóstico: “alergia no especificada” y con la orden del médico de no exponerme al sol durante los siguientes 5 días.
Había llegado al lugar que era el propósito de mi viaje y no podía disfrutarlo de día, mucho menos ir a la playa.. Tenía que “encerrarme” a tomar cantidad de remedios y evitar que se propague la alergia.. Si bien el panorama era contrario a lo que esperaba, estaba agradecida y tranquila, por saber que no era nada grave (aunque ningún médico, al día de hoy, pudo confirmar si fueron chinches o qué).
Una tardecita conocí la ciudad amurallada, sentí que era igual o aún más bella que por fotos, todo se veía hermoso a pesar de la cantidad de gente que había.
Me queda el recuerdo de una ciudad con mil aristas, con gente tan amable cómo insistente (los vendedores ambulantes son intensos), con la sensación de que reconocen a los argentinos por su manera de caminar, que son fanáticos de Boca y con la "jodita" de las chinches que tarde o temprano me van a hacer volver.




















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